3 periodo 1 texto de opinión

LA CULTURA Y LA FELICIDAD HOMBRE 

El artículo de Sigmund Freud “El malestar de la cultura” centra su interés en las preguntas: ¿Puede el hombre ser feliz?,. ¿Es la felicidad aquella aspiración fundamental que dirige el comportamiento humano?, a lo que el autor no tiene una respuesta concreta, ya que son muchos las formas de conquistar la felicidad o alejar el sufrimiento, pero no puede decirse que lleguen a ser  100% efectivos. Es así como pone de ejemplo la religión, la cual se encarga de señalar un camino único para ser feliz y evitar el sufrimiento, esto lo hace  reduciendo el valor de la vida y deformando el mundo real al opacar la inteligencia, infantilizar al sujeto y generando espejismos grupales.
 Lo anterior lo llevó a deducir que las fuentes del sufrimiento del ser humano son tres: “el poder de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo, y nuestra insuficiencia para regular nuestras relaciones sociales”. Para el autor las dos primeras tienen sentido porque son cosas inevitables,  pero la tercera no porque  la sociedad debería brindar al ser humano satisfacción o bienestar, al no hacerlo ocasiona hostilidad hacia lo cultural.

Sigmund Freud expone que la insatisfacción del hombre por la cultura se relaciona con la forma como ésta controla sus impulsos eróticos y agresivos, debido a que el ser humano posee una agresividad inherente que puede desintegrar la sociedad. La cultura controla la agresividad al interiorizarla bajo la forma de Super yo y dirigiéndola contra el yo, el que entonces puede tornarse masoquista o autodestructivo.

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Sin embargo, la sociedad se encarga de conducir la agresividad al generarle al superyo, una conciencia moral, es decir despertando en él un sentimiento de culpabilidad ante lo cual él deberá recibir un castigo.  En el artículo Freud concluye que el origen de los sentimientos de culpabilidad está en las tendencias agresivas por lo que el destino del ser humano  está en manos de la forma en que la cultura haga frente a estas situaciones de intolerancia, para lo cual propone el uso de la tendencia opuesta Eros (el amor) al prójimo.

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